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Julio Macosay

Julio Macosay

Abogado y luchador social (1951-2006)
Es un pueblo verdaderamente generoso que ha dado luchas muy bellas, por su libertad y la justicia en general. Y han dado su vida por el cargo y ni han logrado ganar o superarse.

La tragedia de este país es el centralismo. Es un monstruo político, económico, social,
que coarta el desarrollo de los estados, que absorbe todo lo que es la provincia… pero no es culpa de la gente del DF, es culpa de todos los que nos hemos dejado centralizar de esa manera.

Yucatán para mí no solamente es el estado de Yucatán, sino toda la Península de Yucatán, allá se encuentra la misma cultura maya, la maya-española.

Nosotros, que hemos estado tantas veces en la lucha de los trabajadores, hemos dedicado nuestra vida a la lucha de los trabajadores del pueblo maya, del pueblo mestizo.

Es un pueblo verdaderamente generoso que ha dado luchas muy bellas por su libertad y la justicia en general, y han dado su vida por el cargo y ni han logrado ganar o superarse. He dedicado mi vida para luchar por ellos. He estado en las buenas y en las malas.

Mi suerte ha estado ligada a los trabajadores y cuando les va mal, a mí me va mal, y cuando a ellos les va bien a mí me va bien. Cuando luchamos, el despacho aquí está lleno de gente, pero cuando nos desbaratan y nos aplastan, se queda vacío el despacho.

Yo estoy muy ligado a las luchas de los trabajadores, tanto de Quintana Roo como de Yucatán y Campeche. Sí, yo siento que los trabajadores de Yucatán son diferentes a los de otros estados. Yo he trabajado con los obreros en la ciudad de México, en Puebla y Campeche, y sí hay diferencias. Tienen su cultura, sus idiosincrasias diferentes, más parecidas a la cultura de la cuenca del Caribe.

Tienen una mayor bonhomía, son más generosas más abiertas, más francas. Son más pacíficas, más bondadosas y más abiertas que, por ejemplo, los trabajadores de México. Y en México, como las cosas allá son muy duras, las grandes ciudades obligan a la gente a ser más duros.

Creo que hay una nacionalidad caribeña de los venezolanos, colombianos, los cubanos, los centroamericanos y en México, de Veracruz hasta acá; es la cultura de la cuenca del Caribe. Es diferente a lo de México. Yo me siento más identificado con un cubano, con un venezolano, sobre todo, con la cumbia. Pertenecemos a la cultura del trópico. Eso no quiere decir que no somos mexicanos, somos otros mexicanos, mexicanos tropicales.

La tragedia de este país es el centralismo. Es un monstruo político, económico, social que coarta el desarrollo de los estados, que absorbe todo lo que es la provincia… pero no es culpa de la gente del DF, es culpa de todos los que nos hemos dejado centralizar de esa manera.

Es muy importante, Yucatán se ha distinguido por su libertad, algunos dicen su separatismo, por un estado que quiso ser autónomo e independiente en 1866. Pero era la burguesía la que quiso ser independiente, y ¿para qué? Para acabar con la raza maya que trataron durante la Guerra de Castas… pero en el pueblo yucateco nunca ha habido sentimientos separatistas. Yo ya tengo 44 años y nunca he visto en el estado sentimientos de separatismo. La burguesía por sus intereses económicos quiso salir, quiso separar.

Yo creo que Salvador Alvarado vino a traer la innovación, la revolución mexicana, la innovación social. No importa que él viniera de Sonora. Yo creo que todos los estados han sido beneficiados por el trabajo de gente de otros estados. Alvarado es una persona extraordinariamente útil e importante para el pueblo de Yucatán, aunque no para la burguesía yucateca, obviamente, porque se le quitó sus privilegios.

Hay muchos compañeros que han sido mis maestros que me han inspirado, y que me han dado muchísimo, compañeros, miembros del partido comunista mexicano aquí en Yucatán. Enrique Gottdiener, aunque él no nació en Yucatán, pero él era más yucateco que cualquiera, es una persona que influyó mucho en mi vida. Otros compañeros como Alberto Bermejo, que fue un gran luchador social y maestro. Luis Sosa, y un compañero contemporáneo muy importante es Pedro Echeverría. Son tanta gente, tantos trabajadores, por ejemplo, el caso de Timoteo Canché del pueblo de Tetiz. Es un yucateco verdaderamente importante porque es un verdadero cristiano, no es el mocho que cumple con los ritos. Es un católico que cumple con el cristianismo en una manera tan generosa y abierta, que uno se siente impactado. Es una persona que no tiene cultura académica escolar, pero tiene una calidad humana, una sabiduría y una entrega. Ha sido un modelo para mí. Así hay muchos yucatecos y yucatecas.

¿Yucatecos que no te gustan?

No puedo aportar nada sobre esta cuestión. Yo soy peninsular y nacido en Campeche. Tal vez los campechanos no me gustan. Yo he vivido 18 años en esta ciudad y no he visto gente más cálida, más afectuosa y generosa que en Yucatán. He encontrado más apertura en el ámbito social. Y me refiero a todas las clases sociales. Y conste, yo he tenido enfrentamientos muy graves, muy serios de trabajo. Pero al nivel humano yo no tengo enemigos, porque la gente de Yucatán es generosa. En el nivel social pueden ser de la chingada. En el trabajo son cabrones y explotan al prójimo en la forma más bárbara, pero a nivel humano son bondadosos y no rencorosos. Al nivel humano no tengo un solo enemigo, así lo siento. A mí me han tratado humanamente.

¿Qué significa para ti ser mexicano?

Me encanta ser mexicano, pero yo me siento también muy latinoamericano. Para mí todos somos hermanos, y yo amo la lucha de cualquier pueblo en el mundo. Pero claro, me siento más latinoamericano, y en particular mexicano, y muy particularmente me siento ligado a la cultura caribeña, que es como indoespañol. Esto se puede ver en la cumbia y en la manera de hacer las cosas. Somos mexicanos del trópico.

Para mí hay muchísimas personas muy importantes que me han influenciado. Uno, aparte de mi mamá y papá, es Juan de la Cabada, escritor y luchador campechano con quien tuve una gran amistad. Lo conocí desde los 20 años, y formó mi vida, mucho. Juan es para mí un padre.

Marcos el Zapatista me ha resucitado la esperanza. Ya no había esperanza para los pobres, estaban condenados a ser aplastado, a desaparecer por cuestiones de hambre e injusticia. Para nosotros, que estamos en la Comisión Yucateca, como Isela (Rodríguez) y yo, estamos resucitados. Tenemos fe y esperanza en la lucha por la justicia. Aparte, yo he estado muy influenciado por Flores Magón y desde luego por Emiliano Zapata, es muy importante también.

En el mundo hay un retroceso increíble al nivel ideológico, y si vemos en Yugoslavia, un pueblo que ha vivido tantos años pacíficamente, no entiende cómo pueden empezar a pelearse un grupo contra el otro.

En México, creo que somos unas 56 etnias indígenas con algo de blanco, pero somos mexicanos todos. Esa homogeneidad es una de las cosas que me enorgullecen más de ser mexicano, y en ese sentido somos más desarrollados que los yugoslavos. Somos mestizos con 56 etnias indígenas. Aquí no nos ocurre matar a un maya, a un tzeltzal o tzottzil… somos mexicanos. En este sentido tenemos una eminente sociedad. En Estados Unidos, por ejemplo, el racismo es bárbaro. Y aquí afortunadamente no. Aquí hay una discriminación social y miseria por el capitalismo, pero no tiene nada que ver con la etnia, con la religión o con la cultura.

Hay una vergüenza en muchos sectores europeizados o agringados acerca de lo indígena, e inclusive en los pueblos hay cierta vergüenza de hablar maya. Pero siento que una de las cosas más hermosas que ha surgido del movimiento zapatista es el orgullo de ser indígena y reconocer las raíces indígenas. Claro, ya no somos indígenas, somos mestizos, pero estamos orgullosos de nuestras raíces indígenas.

A raíz de lo que ha pasado en Chiapas se da más dignidad a los pueblos indígenas. En Yucatán he visto una primera bella consecuencia de ese movimiento. Muchos indígenas que antes decían: Yo no hablo maya, ya no soy indígena, y quisieron cambiar el apellido, ya no tienen vergüenza de habla en su idioma indígena, ya no quieren cambiar su apellido indígena.

Una de las cosas más bellas en Yucatán es que no son discriminatorios, mucho menos que en otras partes. En otros lugares de México discriminan, pero en Yucatán no. Te aceptan con más facilidad, incluso te ayudan. Siempre me he sentido tranquilo en Yucatán.

Aquí te respetan por tu calidad humana, por lo que tú aportes, y si vienes con prepotencia y gritoneando te cierran la puerta, por más blanco o gringo u ojos azules. Pero si tú eres limpio, abierto y generoso te respetan, aunque tú seas pobre. Yo estoy enamorado de los yucatecos y de Yucatán.

En el DF todo es más competitivo, hay más gente y más competencia. La gente está acostumbrada a empujar para llegar. Y eso forma a la gente. No es que sean malos los uaches, simplemente están acostumbrados a luchar.