Menú

8. Alternativas para resolver los problemas

Frente a la crisis ocasionada por el alza del oro ocurrida en 1968, surgió la iniciativa. Por parte de los productores, de formar una cooperativa. Con el alza del oro y a la sombra de la incertidumbre, el principal comprador de los artesanos, dejó de encargar trabajos. Muchos talleres cerraron, y muchos fueron los plateros que abandonaron el oficio.

Las cooperativas

Con el objetivo de sobrevivir, cerca de 60 talleres, grandes y chicos, se unieron a la cooperativa. Para incorporarse era necesario participar con una cantidad de $4.000 pesos cada uno, para comprar 50 gramos de oro. El Banco mexicano dio el préstamo y comenzaron a trabajar. Hacían alhajas de 10 kilates, registrados por industria y comercio.

Tuvieron problemas internos y externos. Entre los problemas externos estuvo la presión de los comerciantes, quienes no veían con buenos ojos la cooperativa. Una forma de presión fue no comprarles nada a aquellos que fueran cooperativistas. También estuvo el problema de la comercialización. La red controlaba los comerciantes y los productores no tenían ni contactos, ni el capital necesario para resistir, mientras se lograba el establecimiento de redes comerciales que les diera una salida segura y estable a sus productos. Tuvieron un local de exhibición y venta, pero no era suficiente. Era lógico que tal cosa sucediese ya que los cooperativistas eran productores y no tenían la experiencia de la comercialización. Los problemas internos se debieron a una falta de manejo adecuado de la contabilidad y a la falta de claridad y de información.

Se creó un ambiente de desconfianza que llevó a muchos plateros a abandonar la cooperativa. Los de la directiva se quedaron solos. Finalmente acabó por no funcionar la cooperativa, aunque legalmente seguía constituida hasta 1978.

Por otro lado, el gobierno del Estado quiso promover la formación de una cooperativa con Industria y Comercio. Se puso un local, llevaron sus herramientas y maquinaria cerca de diez o doce gentes, pero nunca llegaron los papeles. Además, no hubo acuerdo entre los plateros. Este nuevo intento también fracasó.

Luego del alza del oro, que provocó el cierre de muchos talleres, se estabilizó la situación con los pocos talleres que quedaron, y siguió funcionando el sistema de maquila.

La escuela

Durante el régimen del gobernador Francisco Luna Kan, se formó una escuela de artes y oficios que, entre los cursos que imparte, incluye a la filigrana. El objetivo de su creación ha sido la de apoyar la conservación de la técnica más compleja de la platería tradicional y desde su formación, la enseñanza ha estado a cargo del maestro Fausto Chablé, quien, por cierto, proviene de linaje de plateros ya que tanto su padre como su abuelo, lo fueron.

Generalmente se mantiene un promedio de veinte alumnos por año, pero entre ellos son pocos los que se dedican al oficio ya que la mayoría entra mientras logra ingresar a la secundaria, a la preparatoria o a trabajar. Los cursos contemplan que en dos años el alumno esté preparado para producir filigrana. Los alumnos interesados pueden hacer hasta tres años. Al principio aprenden a rellenar la filigrana con hilo liso y luego ya lo hacen con corchado. Así mismo, al comenzar se trabaja con alpaca y luego lo hacen con plata.

Considerando que el oficio ya no se transmite familiarmente y que tampoco es fácil transmitirlo en los talleres por las presiones del Seguro Social, la escuela de filigrana constituye un camino alternativo de transmisión del oficio.

Otra faceta importante de la escuela es que su maestro, además de enseñar lo tradicional, favorece la creación de nuevo diseño entre sus alumnos.

Las instituciones del gobierno

Son dos las instancias que han apoyado, en los últimos años, a la platería: la Casa de las Artesanías del Gobierno del Estado y el Museo de Arte Popular. En 1979, después de realizado el estudio de la platería tradicional. Artesanías del Gobierno del Estado, en ese momento a cargo de Addy Rosa Cuaik y la Dirección General de Culturas Populares, montaron una exposición sobre platería, con el fin de dar a conocer los resultados del estudio y preservar la platería. Esta exposición, por cierto, ha tenido, al menos un antecedente. El doctor Barrera menciona varias exposiciones artesanales para el siglo pasado (1865, 1871 y 1875). No sabemos si en las primeras dos se presentó platería, pero en la tercera se sabe que se exhibieron trabajos de filigrana y otros trabajos de Seyé y Mérida (Barrera, 1977:167:169).

En 1993, la Casa de las Artesanías organizó otra exposición artesanal. En esta ocasión se enfatizaba, no solo preservación, si no la necesidad de generar nuevos diseños con el fin de desarrollar el oficio. Un objetivo importante era dar a conocer el trabajo que involucra la elaboración de las alhajas, y en particular, la filigrana, para que la gente lo valore y lo pague en lo que vale.

Otras formas de apoyo, han sido la compra a los plateros, de sus trabajos y el fomento de concursos estatales, y de la participación en los concursos nacionales.

La compra de plata para surtir a los plateros, ha sido otra acción que la dirigencia actual, a cargo de la antropóloga Luz Elena Arroyo, ha realizado para fomentar la platería. Otro camino de apoyo ha sido la de buscar canales de comercialización. Finalmente, este libro también es parte de la política orquestada por la casa de las Artesanías, para fomentar el oficio.

El nuevo diseño

Un aspecto que ha abierto cierta brecha a los filigranistas, es la generación de nuevo diseño. Este fenómeno, ya se mencionó, se ha producido con la plata. La familia Ramos constituye una de las fuentes de dicho diseño. Sus productos han encontrado un mercado entre tiendas que venden al turismo una buena acogida en los concursos tanto locales como nacionales. Otra fuente de artículos novedosos ha sido la escuela de filigrana. Aquí hay que destacar, que los diseños que han originado Donald Rohan, -de origen mexicano- suizo y alumno del maestro Chablé-, reflejan gran fantasía y un enorme potencial, debido, entre otras cosas, a su inspiración en la tradicional histórica y estética del área.

Estas experiencias, a nuestro juicio, constituyen la punta de lanza no solo de la filigrana futura, sino de las técnicas tradicionales.

Más Capítulos