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Al recorrer el campo yucateco en 1978 y detectar el número de talleres y de poblaciones las técnicas tradicionales, y contrastar esa situación con los problemas que había venido enfrentando la platería, sobre todo el alza del oro y la plata, nos llamó la atención que de todas hubiera tantos especialistas. Todas las condiciones apuntaban, aparentemente, a la desaparición del oficio y, sin embargo, este se sostenía. La causa de su subsistencia, aun en condiciones de deterioro, la encontramos en la existencia de un amplio mercado campesino que, tanto por razones culturales como económicas, ha sostenido el consumo de platería tradicional y, con ello, el oficio.

Sin embargo, los campesinos están, aceleradamente, dejando de ser un mercado consumidor de joyas tradicionales porque están cambiando. Por una parte, esta profunda crisis agrícola que afecta, sobre todo, a las dos regiones más importantes del estado: la henequenera y la milpera (Villanueva, 1990) y que restringe el poder de consumo de los campesinos. Por otra parte, la migración laboral está trastornando las costumbres y tradiciones de modo que se pierde el sentido de la cultura del consumo de alhajas tradicionales. Estos eventos si constituyen una serie amenaza, en general, de las técnicas tradicionales de la platería yucateca, si no se encuentran consumidores para ellas.

La plata no constituye, de inmediato, una alternativa para el mercado regional, ni para los sectores urbanos, que prefieren alhajas modernas y de oro, ni para los sectores rurales, que también se modernizan, pero dentro de los cauces del oro. Sin embargo, La plata si es una alternativa para los mercados externos, tanto nacionales como internacionales, sobre todo considerando el crecimiento del turismo y la apertura hacia los mercados internacionales que impulsa el Tratado de Libre Comercio. Esta alternativa, por supuesto, exige de una renovación del diseño, que tome en cuenta los gustos de esos nuevos mercados que se están abriendo, incorporando, al mismo tiempo, la tradición regional.

Es posible, además, que, por este intrincado camino, se reconquistaran a la larga, a ciertos sectores de consumidores locales.

Ejemplos ilustradores lo conforman Félix Ramos y Donald Rohan. El primero se ha desarrollado porque trabaja la plata y porque ha generado nuevo diseño inspirado en la tradición del oficio y de la cultura local. El segundo, que también está desplegando su fantasía en el tejido de la plata, no solo está labrando su futuro sino, esperamos, el de la filigrana yucateca. Estos casos no son únicos, pero tampoco se están generalizando aún. Sin embargo, nos están indicando claramente el camino no solo de supervivencia sino del desarrollo de la filigrana. Esta técnica parece estar salvando el escollo en que la han puesto la modernidad.

Técnicas como el esmalte, todavía no están seriamente amenazadas y pueden contar con algunos años para hacer los ajustes de modernización necesarios para subsistir. Pero el escarche si se encuentra en serio peligro de extinción en Yucatán y si se quiere su sobrevivencia habría de renovar diseños y producirlos en plata.

En 1978 creímos asistir a los funerales del oficio, en un plazo más o menos corto, pero, afortunadamente, nos equivocamos. Parece que el oficio no constituye un bloque y que no todas las técnicas tradicionales están en problemas. La filigrana, que es la más importante de ellas por su complejidad y refinamiento, está encontrando salida y constituye un ejemplo para las otras. La enseñanza es cambiar de metal y de mercado. Afortunadamente las condiciones del mundo actual, parecen estar favoreciendo este viraje.

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