En general reina la paz en la Huasteca. Pero eso no quiere decir que la gente está contenta, conforme, o que le parezca justa la manera en que está distribuida la riqueza y organizada la sociedad. La gente se está organizando de muchas maneras para mejorar su vida.

Hay muchas personas, señoras o señores, que forman grupos de solidaridad para aprender a coser, para hacer un camino a su comunidad, o para formar una cooperativa para poder vender sus mercancías a mejor precio y comprar mercancías más baratas.

Hay partidos y organizaciones políticas y sindicales, como el PRI, la CNC, la CCJ, la CTM, que trata de organizar y concientizara a la gente. Ellos muchas veces trabajan conjuntamente con las dependencias del gobierno. Hoy existe, y en realidad siempre ha existido, un creciente número de gente, sobre todo entre los jóvenes, que piensan que todos los esfuerzos oficiales y semioficiales no garantiza una mejor vida o suficiente tierra para cultivar.

Las contradicciones sociales en la Huasteca, en realidad giran alrededor de la tenencia de la tierra. Algunos concentran cientos de hectáreas en sus manos. Otros solamente tienen una o dos, o menos, y esa gente no tiene otras posibilidades de trabajo. Por eso hay problemas. Las leyes agrarias del siglo antepasado, que quitaron las tierras de las comunidades indígenas, para venderlas baratas a los grandes terratenientes o compañías deslindadoras, fueron las causas de los levantamientos en el siglo pasado. De lo que pasó en la Huasteca al principio de nuestro siglo, y en el tiempo de la Revolución, con respecto a las luchas agrarias, tenemos poca información. Después de la Revolución, y con las nuevas leyes agrarias, los campesinos empezaron a reclamar su tierra. Pero el reparto en los primeros años era lento y encontró mucha resistencia. En Tampate, al norte de Aquismón, se conserva todavía la tumba de dos campesinos que fueron ahorcados por los terratenientes, pagando así por sus actividades agrarias políticas.

No fue sino hasta el tiempo del presidente Lázaro Cárdenas cuando los grandes repartos de tierra se efectuaron en la Huasteca. El reparto de tierra continúa más lento, después de Cárdenas, y muchas haciendas grandes, con cientos de has. se conservan.

En 1939 se realizó el primer congreso indigenista Huasteco en Tancanhuitz y Tamazunchale. El segundo se realiza hasta 1977 en Las Armas, municipio de Aquismón. A pesar de los casi 40 años que separan a los dos congresos, los problemas y reclamos son bastante parecidos. Falta de tierra, comunicación, escuelas, casas de salud, y fuentes de trabajo, siguen siendo los problemas dominantes. Como si no hubiera pasado gran cosa!

Una de las organizaciones agrarias y políticas independientes que tuve más seguidores en los años 70’tas es Tierra y Libertad. El 18 de junio de 1973, un grupo de campesinos de los ejidos El Otate, Crucitas, municipio de Aquismón invadieron la tierra de la ex-hacienda Los Micos, que pertenecía a dos americanos. Los campesinos habían solicitado la tierra de la hacienda por más de 35 años. Por falta de una respuesta o interés oficial, decidieron tomar la tierra. El ejército desalojó a los invasores que se refugiaron en el ejido El Otate. Luego los campesinos organizaron una marcha a México, pero los 470 integrantes fueron dispersados por el ejército. Luego vino una toma del séptimo piso en las oficinas del DAAC. -ahora SRA- en México. Al fin, la tierra fue retornada y cultivada en forma colectiva.

En 1975 los campesinos tomaron la subdelegación de la SRA en Cd. Valles, y en su boletín «El Campesino Rebelde», los campesinos denunciaron grandes concentraciones de tierra en manos de unos pocos hacendados. Para dar respuesta a las exigencias populares, la SRA expropió en agosto de 1978, 6,282 has. perteneciente a uno de los más grades terratenientes en la Huasteca, Gonzalo N. Santos. Pero según la opinión de algunos campesinos, eso fue sólo una pequeña parte de lo que legalmente se puede repartir.

Autoridad

Para respetar y cumplir con las leyes, y resolver algún conflicto y así evitar problemas o enfrentamientos sangrientos, las autoridades se sirven de funcionarios, la policía, y, en última instancia, de la cárcel.

En Tancanhuitz hay una prisión. Las personas que son encarcelados y no tienen dinero para, así decirlo, pagar por su estancia allí, tienen que trabajar para mantenerse. Hacen sillas o cosas de carpintería. Los presos hacen su propia comida. Reciben visita de su familia y sus mujeres se pueden quedar con ellos. Las condiciones no son inhumanas, aunque tampoco muy buenos. La gente que encontré en la prisión eran todos gente humilde: campesinos, indígenas, que, por algún delito, grande o pequeño, estaban allí. Uno se pregunta ¿donde está la gente rica? ¿Es que acaso solamente entre los pobres se encuentran los criminales?

Se dice que la prisión está llena de los criminales – pero la verdad es que la mayoría andan afuera. En la prisión solo vi gente humilde. Pero los que sufren y reciben el castigo más duro son los familiares, la esposa, los hijos, que no tienen ninguna culpa, que no han cometido ningún delito.