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Tun Ben Kin visto por las bordadoras

Los diferentes grupos tienen distintas formas de ver a Tun Ben Kin porque nuestra acción ha sido variada hacia cada uno de ellos. Vamos a analizar el desarrollo distinguiendo las experiencias que han tenido.

En la tabla siguiente ordenarnos los grupos con los que hemos tenido una relación más permanente, las comunidades de donde vienen, el municipio, el tipo de bordado que hacen, la antigüedad de la relación con nosotros, si trabajan con Tun Ben Kin, con Maya Chuy o con los dos, y si existe una relación vigente.

Cinco de los ocho grupos, son del municipio de Abalá y sólo tres de los ocho grupos, manejan el bordado de máquina. Trabajar preferentemente con grupos de mano ha sido parte de la política de nuestra organización, debido a que presenta más problemas para ser competitivo y, por lo tanto, requiere de mayor apoyo técnico y organizativo, pero también porque es el bordado que tiene más demanda.

Expandirnos preferentemente en el municipio de Abalá, también ha sido parte de nuestra política. Al principio trabajar allí fue asunto circunstancial ya que fuimos invitados por miembros de un partido político. Pero una vez iniciado el trabajo en dos comunidades, decidimos concentrar nuestros esfuerzos en el área para no dispersar dinero ni esfuerzo. La consecuencia es que ahora el municipio de Abalá constituye una microregión de bordado de mano con alrededor de 160 bordadoras capacitadas para realizar un bordado de calidad. Actualmente seguimos capacitando en el área a un grupo que formará parte del taller de bordado del paradero turístico Ochil, impulsado por MayaPlan y Fomento Cultural Banamex.

Sólo con Temozón Sur y Abalá hemos tenido una relación que va más allá de la capacitación en bordado y que ha involucrado capacitaciones en aspectos de organización, administración y contables; también se ha trabajado en la realización de un inventario de recursos comunitarios, en un autodiagnóstico de sus solares y en aspectos relativos a la equidad de género en su comunidad. Con las otras comunidades no se ha trabajado en otros aspectos que no sean la capacitación del bordado, simple y llanamente por falta de recursos para poderlo hacer.

Desde un principio nos dimos cuenta que difícilmente podríamos trabajar de manera amplia con todos los grupos, por estar en una etapa de aprendizaje de la actividad, y que entonces era mejor concentrarnos en avanzar con amplitud sólo con dos grupos. Sin embargo, las acciones que hemos desarrollado con ellos no han dado los frutos esperados, sobre todo porque la organización dispersa de la producción no ha sido favorable a la autogestión de los grupos, como ya lo hemos mencionado.

Técnicamente han avanzado y sienten que Tun Ben Kin las ha apoyado para llegar a ser muy buenas bordadoras y tener el orgullo de ser bordadoras de calidad. En ellas se ha despertado el interés por su cultura, a través del bordado de la iconografía maya antigua. También sienten el apoyo en lo comercial, aunque lamentan que la demanda no crezca tanto como ellas quisieran, para lograr tener un buen ingreso regular y constantemente.

Tienen una relación dependiente y maternalista con nosotras, porque ellas no pueden ser independientes desde la posición en la que actualmente están. Esperan que nosotras seamos las que vendamos las mercancías porque para ellas desplazarse fuera de su comunidad es sumamente difícil.

El grupo de Xocen es independiente pero a la manera tradicional, es decir que existe una persona que organiza la producción y comercializa, pero en realidad no existe una democracia como nosotros la concebimos, aunque las bordadoras de ese grupo están de acuerdo en que la persona que las comanda lo haga al estilo tradicional, esto es sin consultar con ellas las decisiones que toma. En una ocasión que quisimos realizar una asamblea para democratizar las decisiones, prácticamente nos corrieron.

Al principio era imposible tocar asuntos relativos al género con las bordadoras porque tenían miedo de que sus esposos se enteraran, por los chismes de cantina y los comentarios que en nuestras reuniones se hicieran. Ahora son un poco más solidarias y sí se atreven a comentar y criticar aspectos relacionados con el ejercicio del poder de sus esposos, sabiendo que nadie va a ir a contar nada a su esposo para que no circule el chisme.

Sin embargo, existen límites importantes para traspasar las actuales barreras que les impone la tradicional inequidad de género existente en sus comunidades y familias.

El primer límite es su dependencia económica. Aunque a través del bordado adquieren ingresos, como sólo le dedican algunas horas y no su tiempo completo, no obtienen lo suficiente como para ser autosuficientes. Esto impone una barrera a su posible libertad. Están sujetas al control de los esposos, sujetas a su permiso o consentimiento, y lógicamente ellas se pliegan porque temen enfrentarse a ellos y no se imaginan cómo podrían sobrevivir sin el apoyo económico y emocional de sus parejas. Pese a los obstáculos han comenzado a presionar a sus esposos para participar en los grupos y a argumentar que tienen compromisos con el grupo y que tienen que cumplirlos para permanecer allí. Para ellas los ingresos que obtienen del bordado son importantes porque les permiten, sobre todo, financiar la educación de los hijos.

Otro límite lo conforman sus compromisos domésticos que, evidentemente, constituyen una barrera para su participación productiva de tiempo completo o siquiera de medio tiempo, sobre cuando se trata de familias con hijos pequeños.

En tercer lugar está el control social que se ejerce a través de la mirada de la sociedad que reconoce o desconoce a las personas según si éstas se adaptan o no a lo establecido socialmente. El control se da, generalmente, a través del chisme. La ideología de género asociada al mantenimiento de los roles tradicionales juega un papel importante en el control que la comunidad ejerce sobre las mujeres y su comportamiento.

Los grupos de Uayalceh y Mucuyché nos ven como una organización que otorga trabajo, que les pagamos bien, pero que no tenemos suficiente dinero para ampliar el trabajo, que es lo que a ellas les importa. Cuando les hemos dicho que podemos apoyarlas para obtener créditos o subsidios para que puedan vender por su cuenta, siempre nos dicen que lo que más les importa es que podamos darles prendas para bordar.

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