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Antes de detenernos en las características que presentan los grupos de mujeres y en particular los de bordadoras, queremos ofrecer un esbozo del universo artesanal en Yucatán.

A excepción de la orfebrería y la talabartería, que fueron actividades introducidas durante la Colonia, la mayoría de las actividades artesanales provienen de la economía campesina de autoconsumo.

Los canastos de bejuco se han tejido tradicionalmente para guardar maíz y por eso, al igual que las bolsas y sogas de henequén, su producción se extiende a todas las comunidades de la región. También los sencillos muebles y utensilios de madera de las casas campesinas han sido y siguen siendo para el autoconsumo, de modo que el actual tallado de piezas de madera es de origen turístico aunque se inspira en la antigua iconografía maya. La talla de piedra tiene orígenes prehispánicos, pero incorporó nuevas tradiciones con la demanda de los españoles de fuentes, columnas y demás elementos que decoraban sus casas. Actualmente ambas tradiciones se están impulsando comercialmente.

El tejido de palma de huano para la elaboración de escobas y sombreros para consumo regional se ha transformado con el desarrollo del turismo y actualmente los productos predominantes se dirigen a este mercado.

La confección de hamacas ha sido muy característica de la región y tiene su origen en la hamaca caribeña introducida por los españoles, cuya técnica se perfeccionó y su uso se extendió a tal grado que es un elemento que identifica fuertemente a la región. La alfarería también se ha desarrollado, aunque con limitaciones porque no existen amplios yacimientos y el barro local no favorece un trabajo fino ni cerámicas con gredas para vidriado.

También conforman parte de la tradición de Yucatán, la cerería, la pintura popular y la artesanía de concha y caracol.

En este no tan vasto panorama -sobre todo si se lo compara con otras regiones del país- destaca el bordado, por ser la más extendida de las artesanías y la que cuenta con la mayor diversidad técnica.

Actualmente la mayoría de estas artesanías se producen comercialmente y en los últimos diez años asistimos a un proceso de innovación de diseños, mejoramiento de la calidad y a un impulso de las actividades que incluso ha hecho surgir nuevas artesanías -algunas inspiradas en antiguas actividades como la elaboración de papel de cortezas de árbol- que también se observa en otros estados del país.

Aunque la problemática técnica que enfrenta cada actividad es diferente y requiere de un conocimiento y tratamiento específico, los aspectos productivos, organizativos y de comercialización que hemos observado como limitantes del bordado también afectan a la mayoría de las artesanías, exceptuando a la orfebrería, la talabartería y la alfarería, que se organizan en talleres y que, a diferencia de las otras, sí están conformadas como oficios. Esto no significa que no presenten problemas, pero se ubican en una dimensión de existencia diferente porque, al menos, están ya organizadas para la comercialización.

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