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Por mi cuenta: freelance

Embarcaciones en Sisal

Pasé un tiempo maravilloso en el INAH, desde donde pude lograr muchos proyectos interesantes, tanto los que me encargaron como parte de mi trabajo, como también algunos de mi propia iniciativa. Siempre tuve el apoyo de los tres directores que tuvo la institución durante el tiempo que trabajé en ella: Raúl Murguía, José Luis Sierra y Jorge Bolio Osés. Tampoco puedo olvidar la solidaridad que nos brindaron cuando nuestra hija Maya se accidentó y tuvo una hemorragia cerebral grave, pues con la colecta espontánea que organizaron pudimos pagar parte de los gastos hospitalarios.

Pintando las Paredes de Yucatán

Pintando las paredes

Confrontado a un muro o pared grande, en blanco, sin nada, como ‘virgen’ ¿quién resiste pintarlo? La historia mundial del arte nos muestra – ‘pocos’. Los mayas prehispánicos de Yucatán adornaron sus templos e edificios con pinturas, tanto con tema religiosa, como cotidianas, como vemos en los templos como Chichen Itzá. Y los grafitis de ‘travesura’, mal visto por los dueños de las paredes, tampoco faltaron en tiempo prehispánicos, como podemos apreciar en varias zonas arqueológicas.

Sisal, imágenes de un puerto

Sisal

Mientras estuve trabajando en el INAH fui contactado por el pintor yucateco José Luis Loria, quien había vivido en el pequeño puerto de Sisal, en la costa occidental de la península. Por siglos, Sisal había sido la principal puerta de entrada a Yucatán, pero desde que se construyó el muelle en el puerto de Progreso a principios del siglo pasado, Sisal comenzó su lenta decadencia y muerte.

Mérida con amor

Mérida con amor

Lo cierto del dicho popular de que las cosas nunca son tan malas como para que no sirvan para nada, lo constaté en el verano de 2013 cuando una agencia me robó mi boleto a Dinamarca y no pude viajar. Dos veces estuve con mi maleta en el aeropuerto… ¡y no, que no estaba pagado el boleto! Hay que vivirlo, para creerlo. Mis amigos apenas me creían: ¡Nooo, no puede ser!

Mérida en blanco y negro

Albañiles, Mérida

El trabajo por el que fui contratado en el INAH en realidad no era muy abrumador, por lo que tenía tiempo para seguir mis propios proyectos. Cuando llegamos a Yucatán en 1980, vivimos dos años en Mérida. Para descubrir y conocer la ciudad empecé a sacar fotos de calles, casas, rejas, gentes, letreros, de todo.

Salidas a campo

Piezas de la isla de Jaina y de las "siete muñecas"

En uno de mis viajes en el estado de Quintana Roo llegué una noche oscura a las ruinas de Kohunlich. No había luz eléctrica, pero detecté una luz saliendo del fogón de la casita de paja y bajareque del guardián del sitio, el señor Ek (desafortunadamente no recuerdo su nombre). Por supuesto me invitó a colgar mi hamaca en su casa, y al ratito también me invitó a cenar.

La familia maya

Exposición fotográfica La Familia Maya

Ser fotógrafo en el INAH resultó un trabajo de ensueño. Cuando yo empecé, mi área de trabajo incluía los tres estados de la península: Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Entonces, tuve la oportunidad de visitar cualquier rincón donde existiera una ruina maya. En el Centro Regional en Mérida no existía un archivo de fotografías, por lo que parte de mi trabajo era formar uno, con fotos de todas las ruinas y edificios históricos, tanto civiles como eclesiásticos.

INAH Centro Regional de Yucatán, 1983–1985

Sobrevolando Yucatán

Mi buen amigo, el antropólogo físico Raúl Murguía había sido nombrado director del Centro Regional de Yucatán del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en Mérida. En esa época, las actividades del INAH en los estados de la República comenzaron a ser descentralizadas del Distrito Federal. Para estas tareas y responsabilidades, los nuevos centros regionales empezaron a contratar personal académico y técnico, como antropólogos, arqueólogos, fotógrafos y restauradores, entre otros.

Museo Regional de Valladolid

Uno de los últimos proyectos que realicé trabajando en Culturas Populares fue el Museo Regional de Valladolid. Por ser vecino del entonces presidente municipal de Valladolid, Clemente Alcocer, cabeza de una familia prominente en la ciudad, con pretensiones de tener líneas genealógicas directas de los primeros conquistadores y fundadores de Valladolid, mantuve buenas relaciones con el grupo político en el poder que en ese tiempo pertenecía al PRI.

Fiestas y música

Niño con tambor en Dzitnup

Terminando el curso para formar promotores culturales, cada investigador comenzó a definir y concentrarse en su propio campo de investigación. Max y yo coincidimos en el trabajo a seguir, no porque fuéramos dos daneses concurriendo en la misma unidad de investigación —aunque sí ayuda compartir la misma cultura y entender todas sus reglas subculturales—, sino porque teníamos intereses de investigación que compaginaban.

Roba chicos: mi mamá

Durante el tiempo que duró el curso para preparar a los promotores culturales, mi mamá, Hanne, llegó a visitarnos a Valladolid. Ella me acompañó cuando fui con los estudiantes a la práctica de campo en Ticul. Mientras yo estaba con los estudiantes, mi mamá andaba “turisteando” en el pueblo. Con su cuerpo alto y flaco, su ropa —se puede decir— austera, gris, nórdica y su gorra estilo marinero no podía pasar desapercibida por las pequeñas calles de Ticul.

Don Tiburcio

Don Tiburcio

Al principio del curso que el equipo de la Dirección General de Culturas Populares de la SEP inició en 1980 en Valladolid para formar promotores culturales en los pueblos, llegó un señor ya grande que solicitaba ser aceptado como alumno.

Educación de promotores culturales

La vida de Tiburcio

El curso para preparar a los promotores culturales bilingües se llevó a cabo en el Centro Regional del INI afuera de Valladolid, donde los alumnos también comían y dormían. Nuestra meta era ofrecer a los estudiantes una introducción a la cultura maya prehispánica y actual.

Valladolid, Max y promotores culturales

En el verano de 1980, la pequeña familia: Silvia, nuestras hijas, Elvira y la recién nacida Maya, y yo, nos mudamos a Valladolid para formar parte de una Unidad de Culturas Populares. Nuestro primer trabajo consistió en organizar un curso de capacitación de tres meses intensivos para formar promotores culturales mayas.

Fototeca Pedro Guerra

Cuando llegamos a vivir a Mérida, aún no tenía mi propio cuarto obscuro. Tenía que pedirlo prestado y la oportunidad me la brindó la Escuela de Antropología de la UADY. En un nuevo edificio se había instalado un cuarto oscuro bastante espacioso y con aire acondicionado.

Artesanía 1, 2, 3

Alfarera tradicional de Uayma

En 1979, Silvia había empezado a trabajar en un censo artesanal para determinar el número y especialidad de los artesanos del estado de Yucatán, en coordinación con Ady Rosa Cuaik, la eficiente y decidida directora de la Casa de las Artesanías del gobierno estatal. En este trabajo, yo empecé a acompañar a Silvia en sus visitas a las y los artesanos de los pueblos rurales para tomar fotos de sus actividades.

Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”

Silvia Terán

Afortunadamente fuimos recibidos con los brazos abiertos y una visión más amplia en el Centro de Estudios Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” (CIR), siempre de la UADY, en el entonces Departamento de Estudios Económicos y Sociales, cuyo director era Jorge Montalvo. El nombre del centro se puso parar honrar al médico japonés Hideyo Noguchi (1876-1928), quien en la década de 1930, por un tiempo muy corto, estudió la fiebre amarilla en Yucatán.

Universidad Autónoma de Yucatán

UADY

En 1978, el plan del director, Rodolfo Stavenhagen, sobre el trabajo de la Dirección General de Culturas Populares en Yucatán, comprendía iniciar varios programas de investigación y promoción de la cultura popular, sobre todo la indígena maya, para cuyos fines se abriría un centro en Mérida. Hubo negociaciones con la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) y se adaptaron varias oficinas en el edificio de la calle 78 que en aquel tiempo albergaba a la Escuela de Antropología de la UADY.

Culturas populares

Culturas populares

En Dinamarca, durante mi instrucción en la universidad había estudiado y discutido con mucho interés el artículo “10 Tesis Equivocadas sobre el Desarrollo en América Latina” del socioeconomista mexicano Rodolfo Stavenhagen. Luego lo encontré y tuve la oportunidad de platicar con él en un congreso en Enschede, Holanda, en 1972. Ahí estaba también su amigo Leonel Durán, que en ese momento vivía, ni más ni menos, que con Silvia Terán, quien ¡también estaba en Enschede! Así que pudimos vernos, pero sin dejar huella.

¿Y ahora qué?

Yucatán para siempre

Si me preguntas si yo creo en el destino, la divina providencia o un plan determinado para el futuro, debido a mi educación científica te respondería con un “no”. Pero en mi vida he tenido tantas experiencias, que debería contestar que “sí”. Mi primera noche en México la pasé en Mérida en un hotel en la calle 62 por 59/61, y todo parece indicar que es también en Mérida donde voy a pasar mi última noche.

Mis investigaciones sobre la Huasteca

Niña llevando maíz

Para la monografía sobre los pueblos y la cultura Huasteca hice un primer borrador en danés, porque mi español, en vocabulario y gramática, no era lo suficiente bueno para expresarme en esta lengua. Para la traducción al español, Silvia me apoyó mucho.

La familia del antropólogo

Centro de la Ciudad de México

Cuando terminé mi trabajo como antropólogo en 1970, en Dinamarca todavía esperaban que el nuevo candidato escogiera un pequeño pueblo en una región alejada y de preferencia sin estar demasiado influenciada por la “civilización”, para continuar el trabajo en México. En esa nueva comunidad, sin contactos ni teléfono, tenía que pasar un año estudiando a “los aborígenes”. ¿Y la familia del antropólogo? ¡Bien, gracias! Tenía que pensar en cómo se podría adaptar.

Antropólogos mexicanos

Antropólogos mexicanos

Nunca tuve duda de encontrarme en un lugar y posición de ensueño, en medio de tanta cultura, tradiciones y belleza natural. ¡Todo a mi alcance! Pero también me asaltaba la sensación de encontrarme solo como un ‘Christian en el País de las Maravillas’.

Toma de tierra y la escuela quemada

Toma de tierra y la escuela quemada

La Huasteca fue y sigue siendo una zona pobre con grandes desigualdades sociales y poco desarrollo económico, lo que naturalmente ha dado lugar a enfrentamientos sociales y políticos. Cuando trabajé en la zona en 1974-1976, muchos a quienes entrevisté me afirmaron que las promesas de la Revolución Mexicana de “tierra y libertad” aún no eran una realidad.

Tamapatz

Tamapatz

Mi segunda comunidad elegida fue Tamapatz. El pueblo se encuentra en las montañas a unas 6 horas a pie de Aquismón, caminando por un sendero en muy mal estado causado por las lluvias y la falta de mantenimiento. Casi siempre estaba lleno de charcos de agua y lodo que se acumulaba entre las piedras que antes formaban parte del pavimento del “camino real”.

Tatacuatla

La escuela de Tatacuatla

A raíz de estas ricas y placenteras excursiones decidí escoger 3 o 4 comunidades indígenas con diferentes economías, lenguas y tradiciones, para hacer estudios más profundos. Una fue Tatacuatla, pequeña localidad con población hablante de huasteco.

Mi trabajo de campo

Estudiar y entender esta vasta región con su gente y culturas diferentes, era el gran desafío al que me enfrentaba. Mi comisión era producir en dos años una descripción etnográfica-antropológica de la zona. Pero, ¿cómo? Me parecía una tarea descomunal. Y más aún, con la nula o poca guía que recibí de la dirección del INI o de DANIDA.

Antropólogo en la Huasteca

El área que abarcaba la operación del Centro Coordinador del INI en la Huasteca Potosina equivale a una cuarta parte de mi país natal, Dinamarca. Consta de zonas naturales y económicas muy diversas. Una gran área es la llanura costera fértil, que se extiende aproximadamente unos 100 km desde el Golfo de México hasta las faldas de la Sierra Madre.

Aquismón

Por suerte me fue imposible encontrar una casa para alquilar en Tancanhuitz, pues el pueblo me parecía ruidoso, sucio y hundido entre las pendientes de la montaña. Mi casa de ensueño la encontré en el cercano poblado de Aquismón, ubicado al pie de las altas montañas de la Sierra Madre. La casa era de madera, y las hojas de sus grandes ventanas no eran de vidrio, sino de madera.

Tancanhuitz

Uno de los nuevos Centros Coordinadores del INI se instaló en el pequeño pueblo de Ciudad Santos, en la Huasteca de San Luis Potosí. Ciudad Santos, originalmente tenía el hermoso nombre indígena de Tancanhuitz, que hasta da gusto pronunciarlo. Como secuela de la Revolución Mexicana, varios pueblos de la zona fueron rebautizados con nombres de los héroes revolucionarios.

Linda Huasteca Potosina

Vista del pueblo de Tamapatz

A decir verdad, mi español no era muy bueno el día que me presenté en las modernas oficinas del INI en la Avenida Revolución de la ciudad de México (y todavía, más de 40 años después, no lo es). Pero pasé las primeras entrevistas con el subdirector Salomón Nahmad. Unos días después me recibió en audiencia el gran antropólogo, el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, director del INI. Al mismo tiempo, el doctor Aguirre era Subsecretario de Educación Indígena, responsable de la educación básica en las comunidades indígenas alejadas.

Instituto Nacional Indigenista

Para no hacer servicio militar, que era obligatorio para los hombres en aquel tiempo en Dinamarca, existía la posibilidad de hacer servicio civil en alguna institución pública. Yo hice mis dos años de servicio civil en el Centret for Udviklingsforskning (Centro de Investigaciones para el Desarrollo) en Dinamarca, organizando un seminario sobre América Latina, que en esa época, con la Revolución Cubana, el Che Guevara y la experiencia de Allende en Chile, suscitaba un gran interés entre los estudiantes críticos e inquietos.

¡Qué viva México!

Terminé mis estudios en Antropología Social en la Universidad de Copenhague en 1972. Por motivos teóricos, mi tesis de maestría se basó en las obras del antropólogo Robert Redfield. Él había hecho su trabajo de campo en el pueblo de Chan Kom, en Yucatán, en las décadas de 1930-1940, con el patrocinio de la Carnegie Foundation; y formaba parte del equipo de arqueólogos, artistas y exploradores que trabajaban en la reconstrucción de Chichén Itzá. Redfield hizo, conjuntamente con el profesor y luego antropólogo Alfonso Villa Rojas, el importante estudio sobre el pueblo de Chan Kom.

Galicia, España

Tradicionalmente, los antropólogos europeos buscaban sus objetos de estudio entre los ‘salvajes’ y ‘pueblos primitivos’ de fuera de Europa. Para mí no había diferencia entre los llamados salvajes y nosotros que no éramos menos salvajes. La antropología es el estudio de cómo una cultura o grupo de personas piensa y hace las cosas para poder vivir en su ambiente natural, de modo que una forma no es mejor que otra.

Ecuador

Ecuador

Cuando regresé de mi viaje por el Medio Oriente y África, ya con las buenas experiencias que había vivido con gente rica y pobre siempre hospitalaria y dispuesta a ofrecerme una cama y algo de comer, así como las múltiples y ricas culturas que había podido conocer, estaba convencido de lo que iba a estudiar en la universidad: antropología.

Viaje a través del Medio Oriente y África

Para cuando terminara mi ‘prepa’ en 1962 había planeado hacer un viaje por un año para descubrir el mundo. Mi plan original era viajar en motocicleta hasta la India. En el camino quería reportar como periodista y tomar fotos de lo que viera. Para tal fin había comprado una cámara Voigtländer.

Mi primera cámara

No me acuerdo cómo conseguí mi primera cámara. Pero sé que era de segunda mano, porque la manía ahorrativa de mi mamá no le permitía comprar una nueva cuando se podía conseguir una en “buen estado”, aunque fuera vieja.

Mi papá, mi maestro

De mi papá me viene el interés por la fotografía. Él era más bien un fotógrafo aficionado, sin demasiado interés o dedicación. Fue miembro de un club de fotografía en donde trabajaba —aún conservo sus viejos negativos de esa participación. Parece que los miembros del club salieron en una ocasión para captar el ambiente y las suaves tonalidades de gris a negro en el puerto de Copenhague, en una noche otoñal en la que la neblina y la humedad se reflejaban en el halo de las lámparas de los muelles.