Honorata | Las mujeres decentes de la 58

Honorata

Las mujeres decentes de la 58

Honorata

Me llamo Honorata. Es mi nombre de pila y mi nombre de trabajo aquí en la calle 58. Tengo dos años trabajando aquí, trabajo aquí porque estoy divorciada. Trabajé desde los 14 años en casas particulares haciendo limpieza, pero los hombres, a la espalda de sus esposas, me acosaban. No me gustó y me quité. Un muchacho de una casa donde hice limpieza me embarazó a los 17 años, y me sacaron de la casa, porque no quisieron reconocer a mi hijo. No sabía nada de prevención, porque yo vengo de una familia muy humilde. Regresé a la casa de mis papás, pero mi papá no me apoyó y también él me sacó. Luego me dediqué a la mesereada y fui bailarina. Después nacieron mis otros hijos, que son gemelos… y me casé con mi esposo, el papá de mis gemelos. Pero luego nos divorciamos, porque él me cambió por un gay… vive ahora con un gay en Estados Unidos… se fue a Oregon cuando mis gemelos tenían cuatro años. Él ya no tiene contacto con sus hijos… para nada. A partir de entonces empecé a prostituirme… llego a las 5 de la tarde y me quito como a las 9… vivo en una casa rentada. Mi hijo mayor tiene 16 y el par de gemelos tienen 7 años… son tres mis hijos.

Por una parte el trabajo es pesado, pero por otra parte me ayuda mucho para mantener a mis hijos… me siento mal ante mis hijos, pero al mismo tiempo me siento bien, porque gracias a mi trabajo mis hijos están creciendo. No cualquier mujer hace ese trabajo, requiere mucha fuerza, porque hay todo tipo de hombres que uno tiene que atender. Hay hombres borrachos o sucios… vienen de su trabajo sin bañar y tengo que aguantar sus olores… no cualquier mujer lo aguanta. Estás pensando que algún día te va a salir una enfermedad aunque uses condón… todo esto estás pensando. También uno tiene miedo de no llegar a su casa cuando la policía hace razzias… y no sé si voy a llegar al día siguiente a mi casa o no. Por eso cuando llego a mi casa, doy un suspiro de alivio por haber llegado bien a mi casa… y antes de abrazar a mis hijos me doy un regaderazo… me acuesto en mi cama y así limpia puedo abrazar bien a mis hijos.

Mi hijo grande no sabe de mi trabajo, a él le digo que soy mesera y nunca le he dicho que soy pros… servidora sexual. Nadie de mi familia sabe de mi trabajo, a mí me da vergüenza mi trabajo… pero no me drogo, no tomo alcohol, nada, pero simplemente siento vergüenza. Cuando llego a mi casa doy un gran respiro y hago como que nada ha pasado… es como ir de un mundo a otro. Sí, tengo miedo de que mi familia me van a reconocer en mi trabajo, y cuando dicen que van a llegar aquí al centro, me escondo en el vestíbulo del hotel, no salgo a la calle. Podría yo trabajar en Cancún más escondida, pero allá hay más peligro… y como mis hijos están estudiando, no los puedo dejar… soy papá y mamá a la vez.

He estado en la ‘peni’ [en la cárcel]… unas amigas me acusaron que yo había agarrado un celular en un cuarto que rentamos entre tres personas, entonces me agarraron, pero no hice mucho porque salí absuelta, y la persona que agarró el celular ya está en la ‘peni’, pero mientras… psicológicamente te lastimas. Seis meses estuve allá mientras averiguaron… mis hijos los dejé con una vecina y los fueron a recoger por el DIF… y me los iban a quitar. Yo no siento culpa porque no hice nada, pero por culpa de las acusaciones falsas mis hijos durante seis meses no disfrutaron de su madre.

Hoy en navidad voy a estar solamente con mis hijos… y nos vamos a acostar temprano. No veo a mis papás desde que me sacaron de la casa… y tiene como 20 años. Mi papá me rechazó, yo era la oveja negra… pero sí, la verdad es que yo también era bastante rebelde. Me quisieron dominar, pero yo no soy para que me dominen, la vida mi hizo arisca… y en el penal más, porque allá estás con asesinas y todo tipo de mujeres… tienes que hacerte fuerte para sobrevivir. Tengo unos tatuajes… una muchacha me ofreció y yo le contesté, bueno, hazme uno… y a los 15 días me hicieron otro.}

Ahora ya domino mi trabajo y me imagino que voy a seguir aquí hasta que tenga 50 años… ahora tengo 36. O hasta que mis hijos se casen y ya no es cargo mío… porque una madre no crece a sus hijos para recibir, crece a sus hijos porque Dios te los dio… pero si me quieren ayudar, está bien.

Algún día tengo que decir a mis hijos de mi trabajo, pero cuando tengan mayor edad para comprender lo que estoy haciendo. No todos tuvimos la suerte de nacer en una casa de cuna de cierto nivel… Dios sabe dónde nos mandó y hay que vivirlo y saber vivir.