Placida | Las mujeres decentes de la 58

Plácida

Las mujeres decentes de la 58

Plácida

Me llamo Plácida y tengo 27 años. Estoy trabajando en este negocio, porque necesito dinero para mantener a mis hijos. Tengo tres hijos, de 8, 6 y 5 años. Estoy separada, mi pareja salió con una enfermera que le regaló una camioneta, pero tronaron y él ya se fue a Veracruz.

Vivo en la casa de mis papás, bueno, con mi mamá, porque mi papá falleció. Él [el papá de sus hijos] no me apoya, no me da nada, por eso hay necesidad, hay gastos… y por eso vine a trabajar aquí. Yo he trabajado en limpieza y vendiendo refrescos y artículos en las calles, pero no se gana lo mismo. Las ganancias allá son por comisión y no gano lo que yo gasto por semana. Solamente para los chamacos son zapatos, ropa, comida, fiesta en la escuela y otras cosas. Son muchos gastos.

Aquí, al contrario, en un día puedo ganar 400, 450 pesos, según cuánto tiempo me quedo a trabajar y cómo está la chamba. Cuando hay chamba se raya y se saca una ‘feria’, pero hay que guardar para otros días cuando está fría la chamba. Entonces, para todo hay… hay que administrar porque los chamacos no preguntan si hay dinero, ellos quieren comida y hay que darles.

Cuando me separé de mi pareja, me trajo una amiga a que trabaje en la mañana en un puesto de carnicería aquí en el mercado [del centro]… en las tardes ella se para acá, para ver lo que puede caer… me empezó a traer. Vengo unas tres veces por semana, mayormente fin de semana, viernes, sábado y domingo.

Mis papás no saben, bueno, puede ser que se dan cuenta, pero no me dicen nada, porque yo tengo que ver cómo sacar los gastos. Mi papá se falleció. Pero si se entera mi mamá, le da un infarto. Por eso no digo nada, y ella no pregunta. Digo en mi casa que soy mesera, sirvo mesas. Yo no tomo, voy con mis clientes, hago mi trabajo y ya. No llego borracha a mi casa… y si tomo algo, luego, luego mis hijos dicen: ‘Mamá, hueles a cerveza’. Por eso no tomo. De vez en cuando fumo un cigarro, porque esto sí me gusta, me relaja.

Hay todo tipo de clientes. Hay unos que se ponen pesados… me dicen, quiero eso y eso, pero luego no me quieren pagar extra por el servicio… exigen, pero no pagan. Con borrachos no me voy, porque luego casi siempre hay pleitos y discusiones, no, con ellos no me voy.

Con la policía no he tenido pleito, pero tampoco puedes pararte en cualquier esquina a trabajar… te corretean. Te dicen una o dos veces que te vayas, y si no te vas, te quieren trepar a la patrulla. Te detienen 24 o 36 horas, pero sí te sueltan. Hasta ahorita no me ha pasado, pero las veces que pasa eso, ya ves cómo pelean ellos, pero no pueden comprobar nada, porque no cargo condones ni nada, no me pueden comprobar. Pero ellos mismos, cuando no están en uniforme, ellos mismos bajan y piden servicio, entonces, ¿de qué se quejan?

¿Enfermedades? No, hasta ahorita no. Pero yo me checo en el [Hospital] O’Horán… me checan de VIH, sífilis, gonorrea y otras enfermedades. No sé si es obligación, pero yo voy de por sí. Desde que vivía con mi pareja, me iba yo a checar, porque yo no sé con quién se mete él. Y ahorita cuando trabajo [como servidora sexual], más me tengo que checar y cuidar. Cada mes, cada dos meses me checan, según. Cuando vivía con mi pareja lo hacía cada dos meses, pero ahora que tengo sexo frecuentemente, lo hago cada mes. Con mis clientes siempre uso condón. No, es muy riesgoso meterte con alguien sin condón… te va a salir más caro el caldo que las albóndigas.