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Jinetes del cielo maya

Dioses y diosas de la lluvia

Jinetes del cielo maya, dioses y diosas de la lluvia

Fray Diego de Landa: La fiesta de nuevo año Pop o Helep

El cronista y evangelizador fray Diego de Landa describe en su libro Relación de las cosas de Yucatán una ceremonia que los antiguos mayas hacían en el mes de julio: la fiesta del Pop, que es para celebrar el año nuevo (Landa, 1982: 88–90). Durante esta fiesta se elegían nuevos chaques para ayudar a los sacerdotes. Estos chaques actuaban en las ceremonias como respresentantes de los verdaderos dioses Cháako’ob, como lo hacen todavía hoy durante las ceremonias de lluvia en Xocén. Indica Landa:

El primer día de Pop es el primero del primer mes de los indios; era su año nuevo y, entre ellos, fiesta muy celebrada porque era general y de todos; y así todo el pueblo junto, hacía fiesta a todos los ídolos. … En este tiempo elegían (a) los oficiales chaces para ayudar al sacerdote… (Landa, 1982:88).

Es claro que el cambio de Cháako’ob, que en el Xocén de hoy ocurre el día 16 de julio, y al cual llaman Helep, es una réplica de aquella ceremonia de año nuevo que menciona Landa, como ya reportamos en un artículo (Rasmussen, 1993).

Nos referiremos ampliamente a esta ceremonia de Xocén, porque es el único lugar de Yucatán donde se conservan restos de lo que fue la celebración del antiguo año nuevo, incluyendo los cinco días aciagos[1].

Celso Dzib, campesino del pueblo de Xocén en 1999, explicó la forma como están organizados los dioses de lluvia y cómo se constituye el cambio:

Dios, sólo Él les dice cómo lo van a realizar, cómo va a trabajar (a los chaques) durante el año. Para eso sirven los cambios de dioses que se realiza el 16 de julio. De día y de noche está lloviendo, está tronando, está relampagueando, se juntan todos y hacen su fiesta, toman vino de alegría porque están contentos, porque van a entregar el puesto. El cambio lo hacen igual que como se cambia un presidente, un comisario, un gobernador y el presidente de la república mexicana. Así lo hacen los dioses de la lluvia de cada lugar. (Rel.5)

Los Cháako’ob son oficiales del dios Yum Kaab (El Más Poderoso). En algunos rezos pareciera ser un dios prehispánico y en otros Dios/Jesucristo. Los Cháako’ob son los encargados de regar las milpas por los cuatro puntos cardinales, son invocados por los campesinos mayas de Yucatán después de cada siembra, para pedirles que envíen el preciado líquido, del cual dependen sus cultivos.

De acuerdo con los campesinos de Xocén, los oficiales de la lluvia, igual que las autoridades mundanas, no son siempre los mismos. Cada año, al llegar el 16 de julio, entran nuevos Cháako’ob. El evento dura cuatro días y en cada uno de ellos se cambia uno de los cuatro Cháako’ob (uno por cada punto cardinal) que forman el nuevo equipo que sustituirá al anterior y cuyos trabajos durarán un año. La diferencia con la ceremonia consignada por Landa es que en aquélla, quienes cambiaban eran los oficiales mundanos que ayudaban al sacerdote y a quienes también se les denominaba chaces (Landa, 1982:89). Aunque Landa no lo refiere, seguramente en la antigüedad hubo cambios en el terreno divino, como aún se conserva en Xocén (Rasmussen, 1993:16).

Sólo el jefe inmediato de los Cháako’ob, que ahora es San Miguel Arcángel, no es sustituido, según indican los xocenenses, quedando como jefe del nuevo equipo. Los Cháako’ob salientes tienen que entregar sus herramientas, sus rifles y sus espadas.

Durante estos días, se reúnen todos los chaques —que deben de ser muchos, según los campesinos—, incluyendo a sus compañeras y la madre Cháak[2]. En un libro enorme donde no sólo están Xocén sino todos los pueblos, una Cháak escribana, K’o’olebil Tsi’iba’an Cháak (ver cuadro 16, Diosa 7c, p. 340), anota todo lo que han recibido como ofrendas de los campesinos, durante un año[3].

Si algunos campesinos no hicieron sus ofrendas o no cumplieron sus promesas, se deja sentir el castigo de Yum Ka’an (Señor del Cielo), quien puede ordenar a los Cháako’ob que no rieguen sobre las milpas de quienes no efectuaron su sagrado deber. Si los campesinos realizaron sus ceremonias, ofrendas y promesas, en principio no habría nada qué temer. Sin embargo, es posible que las decisiones de Yum Ka’an no se cumplan todo lo bien que los campesinos quisieran. Igual que en el mundo humano, la conducta y el temperamento de los subordinados, que en este caso son los Cháako’ob, influye, para bien o para mal, en el cumplimiento de una decisión superior. Así como hay Cháako’ob responsables también los hay flojos; unos calmados y otros de carácter fuerte; puede ser que formen un buen equipo o no. Esto repercutirá sobre la vida del campesino durante el año que dure el cargo del nuevo grupo de Cháako’ob, y por eso el cambio es importante.

En 1989, durante nuestra residencia en Xocén, hubo una prolongada sequía de 40 días, por lo que el cambio era esperado con ansiedad y con la esperanza de que los nuevos Cháako’ob, sí trabajaran. Afortunadamente, el cambio fue bueno, porque el j’men, oficial del pueblo, a las dos semanas del helep, muy contento comentó que si había llovido por los cuatro puntos cardinales, era porque los nuevos chaques estaban trabajando coordinadamente, algo muy importante para lograr buenas cosechas.

En los días de cambio —helep—, no es recomendable trabajar, porque el periodo de cambio propicia una situación inestable al encontrarse los Cháako’ob de fiesta, entregando el cargo unos y recibiéndolo otros. Las mujeres no deben bordar, pues pueden atraer un rayo con la aguja. Estos días nos recuerdan los cinco días aciagos del calendario maya antiguo. Los campesinos comentan que esta época es la que los dzules reconocen como canícula[4]. Quintanilla y Terán (2003), en el trabajo en el que analizan el mural de Tulum, discuten ampliamente la importancia de la sequía durante este tiempo para la definición de los días aciagos, asunto que ya había sido señalado por Terán y Rasmussen (1994:130).

Por otra parte, la reunión de los Cháako’ob y el cambio se llevan a cabo con abundancia de comida y bebida en un lugar subterráneo cerca de Tulum, bajo el mar. En esa reunión toman vino y comen pavo, porque es cuando consumen lo entregado por los campesinos durante el año. Los Cháako’ob son los que reciben las ofrendas, pero en esta gran reunión tienen que rendir cuentas ante sus superiores de todo lo que han recibido. Esta creencia de los xoquenenses es sumamente interesante, pues además de la referencia de Landa y de la posible representación de la fiesta en Tulum, presuntamente, también se encuentra en una vasija del Clásico tardío, que aparece en un libro de Coe (1978), y que menciona Taube (1992:96). En ella se observa una fiesta con música y bebida en la que están cuatro pahuactunes (dioses N), cuatro chaques y dos mujeres que, seguramente, son dos diosas de la lluvia, dentro de una cueva. García Quintanilla y Terán (2003) proponen que dicha fiesta es la que se encuentra representada en los murales de las estructuras 5 y 16 de Tulum, del Posclásico tardío.

En el diccionario etnolingüístico de Álvarez, u kin helep se define como una fiesta o día de año nuevo cuando se mudan los alcaldes(Álvarez, 1980: 99). Landa, por su parte, menciona que en este tiempo elegían (a) los oficiales chaces para ayudar al sacerdote…” (1982:100). El diccionario Cordemex nos indica que la otra acepción del término helep es el de año nuevo, día de reanudarse los oficiales públicos (Barrera, 1980:200). Las tres fuentes aluden claramente a un cambio de autoridades y ayudantes que, en Xocén, como en prácticamente todo Yucatán, evidentemente, ya no se realiza.

Landa describe la celebración de la fiesta y la importancia de la abstinencia y el ayuno (Landa, 1982: 100), aspectos que hoy no se conservan en Xocén. Probablemente al desaparecer un cambio de oficiales en el mundo humano, lógicamente desaparecieron las actividades humanas asociadas a ellas, como la fiesta, la abstinencia y el ayuno. La fiesta sólo la realizan los dioses, porque ellos sí continúan efectuando el cambio. Últimamente, algunas personas de Xocén afirman que ya no hay cambio de dioses, que lo único que ellos hacen al recordar el helep es conmemorar una fecha y eventos que antiguamente fueron realidad, pero ahora ya no lo son.

En la descripción hecha por fray Diego de Landa, es interesante la observación de que en esta celebración, como en la ceremonia de Ch’a Cháak en el Xocén de hoy, las mujeres no participaban.

Venido, pues, el año nuevo, se juntaban todos los varones en el patio del templo, solos, porque en ningún sacrificio o fiesta que en el templo se hacía habían de hallarse mujeres, salvo las viejas que habían de hacer sus bailes. En las fiestas que hacían en otras partes podían ir y hallarse las mujeres.[5] (Landa, 1982:89)

Fray Diego de Landa: El Ch’a Cháak o rogación de la lluvia

Fray Diego de Landa describe brevemente en su libro una fiesta que llevaba a cabo en el mes de mac —que corresponde a marzo de nuestro calendario— para los “chaces, dioses de los panes, y a Izamná”. Parte de la ceremoniaconsistía en realizar un ritual denominado Tupp Kak. Dice Landa:

“En cualquier día de este mes de Mac hacía la gente anciana y los  más viejos, una fiesta a los chaces, dioses de los panes, y a Izamná. Y un día o dos antes, hacían la siguiente ceremonia, a la cual llamaban en su lengua Tuppkak[6]: tenían buscados animales y sabandijas del campo que podía haber y había en la tierra, y con ellos se juntaban en el patio del templo, en el cual se ponían los chaces y el sacerdote, sentados en las esquinas, como solían (hacer) para echar al demonio, con sendos cántaros de agua que allí les traían a cada uno. En medio ponían un gran manojo de varillas secas, atadas y enhiestas, y quemando primero de su incienso en el brasero, pegaban fuego a las varillas y en tanto que ardían, sacaban con liberalidad los corazones a las aves y animales, y echábanlos a quemar en el fuego; y si no habia animales grandes como tigres, leones o lagartos, hacían corazones con su incienso; y si había animales y los mataban, traían sus corazones para aquel fuego. Quemados todos los corazones, mataban el fuego con los cántaros de agua de los chaces. Hacían esto para alcanzar con ello y la siguiente fiesta, buen año de agua para sus panes;…y echaban muchos ahumerios e invocaban a los chaces ya Izamná con sus oraciones y devociones y ofrecían sus presentes…” (Landa, 1982:79).

En la descripción se advierte que la ceremonia era para chac Itzimná, igual que ahora los prinicpales invitados son chac y Dios. Así como ahora Dios es el que ordena si ha de llover o no, en tiempos antiguos debió ser Itzamná el jefe supremo. Sin embargo, al parecer, la ceremonia no fue conocida con el nombre de Ch’á  Cháak, como lo es ahora. La faceta de la ceremonia asociada a la sequía —Tuppkak—, que era la más relevante de acuerdo con el relato de Landa, desapareció.

Es interesante que en los informes que mandaron los primeros encomenderos, después de la conquista, conocidos como Las Relaciones de Yucatán, sólo en dos de ellas se habla del culto a la lluvia: en la Relación de Tihotzuc y Chikindzonot (t.2 p. 197–199) y en la de Xocén. Pero sólo en esta última se alude explícitamente a chaque como dios del pan y de las lluvias.

Este pueblo se llama xoquen que quiere dezir el nonbre del cacique que governaba el dicho pueblo que en nuestra lengua castellana quiere dezir señor natural adoravan en tienpo de su infidelidad un ydolo que llamavan chaque ques abogado del pan y delas pluvias sacrificavanle armados perros y otras aves silvestres y cazas de benados y conejos. (De la Garza et al., 1983 t2: 226. Resaltado nuestro)

Éste es uno de los aspectos que nos permite confirmar que Xocén es un pueblo con un vínculo especialmente estrecho con Cháak, como manifestamos en un principio.

Al leer el texto de Landa, no cabe duda de que los Cháako’ob eran importantes en el mundo prehispánico; como oficiales mundanos participaban en gran número de las fiestas y ceremonias, no necesariamente vinculadas con la agricultura.

Los chaces eran cuatro hombres ancianos elegidos siempre de nuevo para ayudar al sacerdote a hacer bien y cumplidamente las fiestas … (Landa, 1982:49).

Como ejemplo tenemos la descripción que Landa hace del bautismo —que no tiene nada qué ver con el hetzmek  que hacen ahora los mayas tradicionales— y en el que los representantes de los chaques tenían un papel importante:

Hecho este trataba el sacerdote de la purificación de la posada, echando al demonio de ella. Para echarlo ponían cuatro banquillos en las cuatro esquinas del patio, en los cuales se sentaban los cuatro chaces con un cordel asido del uno al otro, de manera que quedaban los niños (como) acorralados en medio o dentro del cordel; después pasando sobre el cordel, había de entrar al circuito todos los padres de los niños, que habían ayunado. (Landa, 1982:45)

Una última observación que quisiéramos hacer en este apartado, es que el diccionario etnocolonial de Cristina Álvarez (1980), registra 200 términos que aluden a cuestiones relacionadas con nubes y lluvias; entre ellos, 86 se refieren a tipos de lluvias[7]. Aunque algunos son repeticiones que se escribían con pequeñas variantes y los reduzcamos, de cualquier modo son muchos y reflejan el profundo conocimiento que los mayas desarrollaron sobre las lluvias.

 


[1] En el reporte de 1993, Rasmussen dice que son 4 días, porque en el Xocén de hoy así se considera, quizás porque la quinta dirección ya no se considera. En la antigüedad se consideraban 5 días.

[2] Ésta, de acuerdo con la información captada en este libro, sería la virgen K’olebil Muxuunkaab’, sin embargo, no estamos muy seguros y podría ser la virgen X’K’anlé Ox Munial, como lo plantean García Quintanilla y Terán (2003).

[3] Con base en estos datos y otros vertidos en párrafos más adelante, relativos a la fiesta que hacen los Cháako’ob, García Quintanilla y Terán (2003) interpretaron un mural de Tulum, como posible representación de dicha ceremonia.

[4] Villa Rojas (1978:316) cita a Pedro Sánchez de Aguilar, quien se refiere, en el siglo XVII, a 6 días caniculares dentro del calendario maya.

[5] Es de notarse que antiguamente sí podían participar las mujeres viejas. Sin embargo, eso no contradice, al contrario, confirma, la razón por la cual no invitan, ni invitaban a las mujeres jóvenes o adultas, pues su peligro consiste en que atraen ‘malos vientos’ porque posibilitan ‘malos pensamientos’ en los hombres y falta de concentración que no están permitidos en un acto tan sagrado como es una ceremonia religiosa. En la descripción de Landa se alude específicamente al patio del templo y señala que en las fiestas que hacían en otras partes, sí podía haber mujeres.

[6] Landa escribe con doble ‘p’ la palabra que en el diccionario aparece como tup que significa ‘apagar fuego o candela’. Fuego se escribe k’ak’ (Barrera et. al., 1980:175). La ceremonia era para ‘apagar el fuego’, como metáfora de acabar con la sequía.

[7] García Quintanilla reporta 113 en su tesis doctoral (1999).

 

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